Nuestro mejor ropaje: la piel

¿Sabes que dos mil millones de células componen tu piel y se renuevan de manera continua?

¿Y ya te enteraste que unos 300 millones lo hacen cada día? Las células son las unidades más pequeñas de la materia viva y sus núcleos contienen el ADN, o sea, el mapa genético que marca nuestro carácter hereditario.
  • Por eso los cuidados de la piel siempre son pocos, pues según la parte del cuerpo que se trate, así será su color, espesor, cantidad de vellos y glándulas que posean.
  • De aquí que este tejido natural que nos cubre y es nuestro mejor ropaje, contiene la mayor cantidad de células especializadas que poseemos.
  • Los actuales cambios climáticos que están afectando al planeta inciden de manera directa en nuestra piel y las radiaciones ultravioletas son extremadamente dañinas.
  • Los llamados a protegernos del sol, especialmente en el verano, no son propaganda subliminal ni llevan fines comerciales aún cuando se recomienden determinados productos y cosméticos con altos precios en el mercado.
  • La sensible estructura de la piel, sobre todo la epidermis – una de sus capas y la más superficial- requiere atención sistemática y no solo por cuestiones de belleza, sino porque pueden llevarnos a contraer enfermedades dermatológicas que, incluso, se convierten en crónicas.
  • También está la dermis y la hipodermis, que es la más profunda e igualmente se afectan ante la acción violenta de factores externos o metabólicos.
  • Basta saber que la película hidrolipídica que la cubre, una mezcla de sudor y de sebo, es la primera barrera defensiva que nos protege – la defiende- de las agresiones externas pues limita el desarrollo de las bacterias por el grado de acidez que tiene.
  • Esta delicada emulsión es la responsable de mantener la hidratación cutánea y la que le garantiza su aspecto aterciopelado, vital y saludable.
  • Tal importante como el corazón es el tejido que cubre nuestro cuerpo, pues es la primera barrera que nos salva de los efectos corrosivos del entorno. Es una defensa físico – química.
  • La hipodermis y la dermis amortiguan los golpes y salvaguarda los músculos y los diversos órganos, al tiempo que nos preservan del frío.
  • La síntesis de melanina, posible por los melanocitos de la epidermis, garantiza la protección de los dañinos rayos ultravioletas emitidos por el sol.
  • Y la impermeabilidad de la piel no deja que nos penetren al sistema interno ciertos elementos químicos y limita que nos deshidratemos.
  • Por eso hay que dejarla que respire- porque ella respira y actúa como un termostato, que nos permite tener la temperatura en los parámetros idóneos.

¿Te asustas por un escalofrío? A partir de ahora no lo hagas.

  • Estos sirven para calentar el cuerpo y condicionan que los vasos sanguíneos se contraigan para evitar un enfriamiento demasiado violento de la sangre, que acaban, casi siempre, en palidez o desmayos.
  • Y tampoco te quejes del calor.
  • Es necesario sudar para que ese ropaje divino y natural transpire y refresque su superficie.
  • Y si de eliminar calorías se trata, suda y así evitarás esa coloración rojiza que tanto nos inquieta en los veranos ardientes o en esas largas horas que, muchas veces, pasamos bajo el gran astro amarillo que nos cubre desde el cielo.
Es un tema que seguiremos tratando, porque todavía hay mucho que aprender para tener esa piel suave, fresca y tentadora como la de los bebés.

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