Educación preventiva en drogas

La educación preventiva en drogas va más allá de la simple transmisión de conocimientos en la búsqueda del desarrollo integral de la persona. Cada vez se privilegia más el rol de la educación. A través de programas educativos se proporciona a los alumnos además de los saberes específicos, valores, creencias y actitudes que se oponen al consumo de sustancias tóxicas. De esa manera, se atiende el desarrollo de las facultades físicas, intelectuales y morales en búsqueda de actitudes y conductas saludables.
El objetivo final de dichos programas es que el alumno aprenda a tomar de decisiones en un contexto que promociona el consumo.

Entre los objetivos generales de la educación respecto de la prevención de drogas, encontramos:

  • Informar a la comunidad educativa en los temas básicos.
  • Alertar sobre los factores que llevan al consumo y ayudar a comprender los problemas que causa.
  • Generar espacios para que los niños, los jóvenes y los adultos encuentre alternativas válidas a sus expectativas.
  • Desmitificar el fenómeno de las drogas y desdramatizar el miedo de los padres y educadores.
  • Concientizar al sujeto que atraviesa por problemas relacionados con drogas, para que pueda pasar a la etapa de tratamiento y enfrentar su problema.
  • Dirigir las acciones hacia los recursos que existan desde los personales a los comunitarios.
  • Transmitir una cultura crítica y reflexiva que se traduzca en alternativas para el no consumo.
  • La educación verdadera, que valora al individuo y le ayuda a crecer, ya es preventiva, aunque no hable de drogas.
  • De ahí que resulte muy importante la relación afectiva que se establece en el aula.
  • Esta relación genera seguridad y promueve la toma de decisiones.
  • Las personas deben tomar sus propias decisiones al momento de enfrentarse con sus problemas.
  • La educación debe ayudar a comprender la importancia de la autonomía y la pérdida de la libertad que genera la dependencia a sustancias tóxicas.
  • Las claves de la gestión se basan en las nuevas metodologías y herramientas didáctico-pedagógicas que utiliza el docente en la transposición didáctica, entre las cuales encontramos:

Los contenidos curriculares

Un Proyecto Educativo de Prevención.
Los contenidos curriculares abordan la problemática desde el accionar preventivo. Es decir, conceptualizando y centralizando la formación como educación preventiva en sus dos dimensiones:
  • Inespecífica: promoción de la salud, uso del tiempo libre, calidad de vida.
  • Específica: formación de redes conceptuales en patologías sociales: alcoholismo – tabaquismo – medicación (drogas socialmente aceptadas) – marihuana, cocaína, etc (drogas ilegales).

Estrategias para una gestión eficaz

  • Las drogodependencias se conforman como un fenómeno de etiología multifactorial. Ante éste, deben adoptarse medidas que incidan sobre todos y cada uno de los factores originantes.
  • Distintos organismos internacionales afirman que si queremos disminuir progresivamente la incidencia de afectados, se deben articular estrategias de intervención mixta: las destinadas a la limitación de la disponibilidad de las drogas y las destinadas a reducir la demanda de las mismas. La acción de la escuela se vincula con la reducción de la demanda y la gestión institucional y curricular consiste en articular las estrategias informativas y educativas acordes a la población destinataria.
1) Estrategias Informativas
  • Una manera de prevenir el uso de las drogas es asegurarse que la población esté informada al respecto.
  • Hasta el momento, han sido muchos los modelos de prevención que han puesto el énfasis en la información y el cambio de actitudes. Se parte de una relación simplista e ingenua entre el incremento de la información sobre las sustancias y sus efectos negativos, fundamentalmente, y el fortalecimiento de las actitudes y, por tanto, de las conductas.
  • Como es sabido, tanto la información como el cambio de actitudes, por sí solas no conllevan el cambio de conducta.
  • En ocasiones no son ni siquiera necesarias y, menos aún, suficientes. Es muy numerosa la población de fumadores y bebedores que, aún conociendo los beneficios de dejar de fumar y beber persisten en su adicción, continúan bebiendo y fumando.
  • Pensar que la conducta es solo racional y que la gente con solo conocer sus riesgos y el alto costo de sus acciones la cambiaría, supone omitir otros aspectos claves del comportamiento.
  • Se debe tener en cuenta el nivel emocional, la historia de su aprendizaje, sus expectativas, las relaciones interpersonales que desarrolla, las necesidades ecológicas, etc. Por no hablar de los potenciales efectos contra preventivos. Puede ocurrir que una acción destinada a prevenir produzca el efecto contrario al buscado. Esto suele suceder sobre todo cuando la información se dirige a una población no seleccionada y heterogénea. Como sucede con un tema tan polémico como las “campañas publicitarias”, confundiendo éstas, en muchas ocasiones, con la Educación para la Salud.
  • Las campañas suelen ser acciones aisladas y descontextualizadas. Dirigidas a una población heterogénea y suelen realizarse al margen de los grupos organizados de la comunidad. Con una planificación y dirección centralizada y con un gran despliegue de medios publicitarios, propagandísticos y presupuestarios.

Las campañas basadas en la información tienen su importancia en el contexto de un programa amplio de prevención. Su función debería brindar:

  • Información de carácter general al conjunto de la población de la comunidad local mediante los materiales divulgativos (impresos o audiovisuales). Debiendo limitarse sólo a dar a conocer el enfoque institucional y facilitar el reconocimiento y accesibilidad a los recursos.
  • Información objetiva, clara y precisa sobre el fenómeno de las drogas en su conjunto. De forma descriptiva y pormenorizando la información acerca de las drogas.
  • Campañas “institucionalizadas”, siendo recomendable que dicha información estuviera contextualizada en el currículum escolar. Dirigida a grupos homogéneos e integrada en un programa amplio de prevención, evitando que sea una acción puntual.
  • No obstante, para que esta acción sea efectiva, la información requiere ciertas condiciones. Por ejemplo, que sea comprendida, retenida y recibida favorablemente. Sólo así podrá tener probabilidad de influir en el comportamiento.
2) Estrategias Educativas
  • La estrategia educativa de prevención se centra en la Educación para la Salud. Hoy día, la mayor preocupación es la de cómo lograr que la gente, los grupos y las comunidades adopten realmente comportamientos saludables, sobre todo en lo que se refiere al hábito de consumir drogas por los problemas sociales que está ocasionando.
  • La tarea no es fácil ya que implica la coordinación de los recursos teóricos y empíricos de diferentes disciplinas y profesiones y, sobre todo, implica también la adopción de cambios políticos y sociales.
  • Si aceptamos que la opción de consumir una determinada droga no es una opción exclusivamente individual sino que el ambiente en el que vivimos fomenta dichas opciones, la Educación para la Salud no consiste en “dar charlas” como habitualmente se viene haciendo.
  • La Educación para la Salud sería más bien una tarea de rediseño ambiental y personal, lo cual permitiría que fuera más fácil elegir opciones saludables que elegir las no saludables.
  • Por ello, gran parte de las acciones educativas deberán orientarse a cambiar los contextos y los escenarios en los que los individuos viven.

El rediseño ambiental y personal que comporta la Educación para la Salud ha de ser una tarea interdisciplinaria e intersectorial que todos, profesionales y no profesionales, hemos de afrontar y que estará orientada hacia un doble objetivo:

  • Propiciar cambios en aquellos aspectos del contexto que se reconocen como propiciadores del inicio al consumo de drogas o que dificulten un buen desarrollo y una correcta adaptación.
  • El objetivo de intervención, por tanto, será el ambiente en el que está inserto el individuo o los sistemas sociales que son parte de él. Los padres, los profesores y los compañeros que, junto a los medios de comunicación, constituyen el universo educativo en donde los niños y adolescentes imitarán los modelos significativos e interiorizarán sus valores y creencias.
  • La institución escolar es el escenario en el que mejor se garantiza la confluencia del impacto de padres, profesores y compañeros por períodos lo suficientemente largos como para que su influencia se deje sentir en los hábitos y costumbres de los adolescentes.
  • Además, desde la escuela se pueden coordinar de forma eficaz y sistemática todas las medidas que requieran ser emprendidas para la consecución de nuestros objetivos. Es por ello, por lo que el ámbito escolar se erige como el escenario idóneo para el desarrollo de programas de Educación para la Salud.
  • Propiciar cambios en los sujetos: no solo es estratégico propiciar cambios en los ambientes o micro ambientes porque, en las mismas condiciones, hay jóvenes que sí son vulnerables y otros que no lo son y porque las posibilidades de los docentes de producir cambios en determinadas situaciones pueden ser limitadas.
  • La intervención de los docentes deberá estar dirigida a fomentar los recursos personales de los adolescentes. A través de los mediadores sociales cercanos a ellos, con el objetivo de que sus propios recursos y habilidades actúen como “protectores” en las situaciones que presionan para el inicio al consumo.
  • Al entrenar a los sujetos para que sean más competentes estamos apostando por la “fuerza de la habilidad”, frente a la hipotética fuerza interior de la “voluntad”.

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