Importancia de la educación sexual en las escuelas

La educación sexual se define como la formación necesaria para comunicarse como persona varón o mujer. Comprende un lenguaje corporal, gestual, propio de cada sexo que se manifiesta en cada acto y trasciende en la consecución de un proyecto de vida.
  • La Educación sexual pertenece al área de Educación Permanente. En el contexto de educación formal, requiere una mirada que apunte en dos direcciones: una longitudinal, correspondiente a la sistematización en los años de escolarización; otra transversal, a partir de las estructuras curriculares como las áreas específicas de aprendizaje.
  • En este marco, se hace indispensable el análisis de dos aspectos, por un lado, la importancia de la educación familiar, en tanto y en cuanto la misma resguarda la intimidad del conocimiento, la apropiación afectiva y la transmisión oportuna; y por otro, la diferenciación que la misma guarda con la educación escolar, entendiendo ésta diferencia en la metodología científica en la cual basa su accionar pedagógico.
Ambas se complementan y pueden alcanzar un excelente resultado en la formación de la sexualidad, entendida en el sentido amplio, no circunscrito a la genitalidad.
  • Frente a la situación en que se encuentra la familia contemporánea, impedida de reunir las condiciones necesarias para brindar una educación sexual eficaz, la escuela procura convertirse cada vez con mayor intensidad en un ambiente formativo, que satisfaga las necesidades espirituales y emocionales, más allá del contenido cognitivo.
  • En este contexto surge, más que nunca la necesidad de la articulación Escuela -Sociedad. Se trata de arraigar la escuela en el medio ambiente, y la familia en la estructura escolar.
  • La escuela funciona como un centro cultural polivalente, a través de la estructura de servicios que posee: bibliotecas (áulica, escolar y/o pública), laboratorios científicos, de computación, de lenguas extranjeras, equipos de apoyo escolar, talleres técnicos y recreativos, equipos deportivos (campeonatos intercolegiales, torneos infantiles) y talleres para padres.
  • Los mismos deben posibilitar los espacios participativos que coadyuven a lograrla.
  • La tarea docente se basa fundamentalmente en las posibilidades que le brindan los alumnos, los cuales poseen conocimientos derivados de su propia historia familiar. Deberá indagar de los mismos, la veracidad (relación mito-verdad), cantidad (hasta dónde está informado) y calidad (código de valores familiares, que determinará como buena o mala una conducta sexual).
  • A partir de allí, se trabajará en una planificación institucional que tenga en cuenta las dos variables: longitudinal, para lograr la continuidad, enseñanza aprendizaje espiralado por ciclos y transversalidad en el área curricular.
  • Hoy la educación sexual debe combatir los mitos que nacen de un exceso explícito y comercial, que publicita y relaciona la venta de infinidad de productos con lo sexual.
  • Desde la publicidad se promueve e incita de forma tal que se ha comprobado el ingreso en la práctica sexual en edades muy tempranas, donde faltan aún conocimientos imprescindibles que hacen a la higiene psico-física y social. Este déficit, lleva a embarazos precoces o indeseados y a la terrible y siniestra amenaza del sida.
  • Para el docente, la tarea central se relaciona con un contrato maestro – alumno basado en los temas de interés de la clase a su cargo.
  • El tratamiento de los mismos, redunda en un mejoramiento del vínculo y del grupo en sí mismo.
  • Para los alumnos, significa la posibilidad de desarrollar la corresponsabilidad en proporción directa a su crecimiento.
  • El tratamiento curricular debe llevarse a cabo desde incumbencias para diferentes áreas de la educación como la genital, la psico-afectiva y la ético-social.
  • Descansar en el supuesto de que la información orgánica es suficiente y el conocimiento biológico alcanza, es silenciar la realidad que comprende aspectos en relación al matrimonio, la fidelidad, la prostitución, la pornografía, la homosexualidad, la paternidad, la ternura y el amor.
  • El eje central de la tarea educativa consiste en jerarquizar la esencia del acto sexual.
  • Los contenidos son herramientas a través de las cuales se alcanza el conocimiento, integrado a normas y valores reconocidos por la sociedad.
Así que para lograrlo se requiere una actitud franca, que rescate lo intrínseco de lo superfluo, ayudando al logro de la madurez sexual; la cual se relaciona con la elección de una pareja estable, objeto y deseo de un amor verdadero, a través del cual busca lograr la más difícil y, a la vez, más intensa de las vinculaciones humanas.

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